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| Puntos Vive Digital Plus para apropiación TICS en la ciudad |
Cuando Nueva York fue la capital del mundo de la salsa nadie discutió ese calificativo, el término salsa se consolidó para vender y presentar una variedad de ritmos latinos a los norteamericanos, para los cuales era imposible hacer la diferencia entre un guaguancó y una plena, una cumbia y una guaracha, un mambo a la mexicana y otro mambo al estilo Palladium. Para todos estos ritmos, nació el nombre SALSA.
Después de la explosión neoyorkina, del fenómeno de la Fania All Stars, cuando la crisis de producción fue proseguida por la crisis del disco, de la piratería como tal, Nueva York también entró en crisis. La Habana ya no era competencia y San Juan empezaba a caminar hacia el reggaetón. Cali, con humildad, se fue quedando con el saber de todas esas vertientes: El barrio Obrero era la fuente de sabiduría de la música cubana, de la música puertorriqueña, y, cuando surgió Niche, de la nueva música salsera colombiana.
Antecedente claro fue la Feria de Cali, el Mundial de Salsa organizado por José Pardo Llada (en 1974), que le dio reconocimiento social a la primera generación de bailarines caleños, que ganó María y Watussi, el nacimiento del Carnaval de Juanchito, creado por Larry Landa, y, dentro de la Feria de Cali, el surgimiento del Festival de Orquestas. La competencia hizo que las agrupaciones caleñas compartieran tarimas con las grandes figuras de la salsa internacional. Fue así como se adelantó un curso intensivo de aprendizaje.
Las otras ciudades perdieron su relación con la historia salsera y Cali la asumió, por eso fue llamada “LA CAPITAL MUNDIAL DE LA SALSA”, así lo es hasta hoy.
La salsa caleña tiene su historia, su presente y futuro. Sus particularidades, en el baile, la velocidad de los pies. En las orquestas, la fortaleza y variedad de sus vientos, el sonido salsero combinado con el olor del Pacífico.
La Salsa ha alcanzado estatus de patrimonio cultural, y las evidencias son muchas: en literaturas e investigación están las obras de Umberto Valverde, Andrés Caicedo, Sandro Romero, Alejandro Ulloa. En danza, expresiones del nivel de Barrio Ballet con casi mil presentaciones alrededor del mundo; en la escena audiovisual documentales, telenovelas, cortometrajes, largometrajes y series documentales hechos por realizadores locales y nacionales y, algunos más, por directores internacionales como Ivet Billons, Auro Brum, Nicolas Papillón, entre otros.
Además, se encuentran activas en promedio 25 orquestas caleñas, 5 de ellas femeninas y al menos 80 orquestas más radicadas en la ciudad; también, por lo menos 115 establecimientos dedicados a la salsa (salsotecas, clubes, grilles) abren diariamente. Hay 165 escuelas de baile identificadas en los barrios de la ciudad con un número enorme, pero aún por definir de estudiantes y bailarines que comparten la misma pasión. Y para cerrar, algo más de 3.500 melómanos dedicados al fenómeno de la música afroantillana, que es quizás, el grupo más grande de coleccionistas de ésta música radicados en un mismo lugar.
La salsa caleña vive en la juventud, que sigue amando y oyendo a Héctor Lavoe, que no olvida para nada a Celia Cruz, que tiene un contexto social único, diferente a las ciudades que le precedieron en este proceso. La salsa vive en el barrio en las calles, en la industria, atraviesa todas las clases sociales. Cali lleva la salsa pegada a su corazón y a su alma, igual que Buenos Aires el tango y Cuba el son.
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