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Al tener como fundamento lo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de que 65 decibeles es el nivel máximo de ruido que puede tolerar un ser humano sin sufrir repercusiones, el Departamento Administrativo de Gestión de Medio Ambiente (Dagma) adelanta operativos control de ruido en distintos puntos de la ciudad, donde se excede ese límite.
En tal sentido, la directora del Dagma, Beatriz Orozco Gil, señaló que teniendo en cuenta que este es uno los fenómenos de impacto ambiental negativo de mayor incidencia en la capital vallecaucana, el ente a su cargo ha efectuado 288 operativos de control de ruido, con el fin de contrarrestar esta problemática. Agregó que “de este número, 179 obedecen a quejas interpuestas por la comunidad. Como resultado hemos impuesto 65 medidas preventivas que consisten en el decomiso de los elementos de amplificación de ruido”.
De igual forma, se adelantaron 22 capacitaciones y 2 seminarios sobre normatividad ambiental en materia de ruido en los que han participado alrededor de 300 ciudadanos, al tiempo que se efectuaron 17 diligencias de conciliación gracias a las cuales los infractores y aquellas personas afectadas por el desarrollo de obras de construcción u otras actividades generadoras de altos niveles de ruido, llegaron a acuerdos para mitigar los efectos adversos.
Fuentes del problema
La ingeniera Orozco Gil afirmó que el 70 % de las quejas que interpone la ciudadanía por contaminación auditiva tienen su origen en restaurantes bar, bares, discotecas, estancos, fuentes de soda, barras, juegos de billar y sapo, y casas de eventos. En este punto dijo que esto obedece a la falta de conciencia y mesura de los propietarios de estos negocios, al momento de realizar una actividad de diversión como lo es la rumba.
En cuanto a actividades laborales en talleres automotrices, cerrajerías, ebanisterías y carpinterías ubicados en sectores no permitidos, como zonas residenciales -y en donde, además, no se emplean los mecanismos necesarios para aislar o mitigar el ruido generado, los informes dan cuenta que el 10% de las quejas provienen de la comunidad.
Igualmente la titular del Dagma indicó que también inciden en la contaminación auditiva que agobia a los caleños, la falta de civismo de personas que realizan fiestas en zonas residenciales o ponen a funcionar sus equipos de sonido a volúmenes que sobrepasan los decíbeles permitidos. A ello se suman las chivas rumberas e incluso espacios donde se llevan a cabo cultos religiosos.
Los informes del Dagma muestran que las zonas de Santiago de Cali más afectadas por este fenómeno son la comunas 2 (Juanambú, Normandía, San Vicente, Versalles) la 17 (Primero de Mayo, El Ingenio, El Caney, El Limonar, Gran Limonar, Bosques de Limonar, Cataya, Urbanización San Joaquín) y la 19 (Refugio, Tequendama, San Fernando, Plaza de Toros, Seguros Patria, Cristales, Camino Real). En las comunas 4, 9 y 10 también se registra el fenómeno.
Además, puntos especialmente críticos en materia de contaminación auditiva por cuenta de la proliferación descontrolada de establecimientos de diversión son: la carrera 66, la calle 9, el barrio Granada y el Parque del Perro, en San Fernando.
Consecuencias del ruido
Migraña, estrés, deterioro en el sistema nervioso, pérdida de la audición y bajo rendimiento laboral son sólo algunos de los efectos colaterales provocados por el exceso de ruido en las ciudades.
“La exposición continuada al ruido excesivo no se limita a perturbar la tranquilidad y crispar los nervios de la gente; a futuro puede desencadenar graves trastornos de salud, como úlceras, gastritis, hipertensión, traumas en el sistema nervioso y cefalitis; por lo tanto, la contaminación auditiva no debe ser considerada solo como un factor de grave impacto ambiental, sino también como un problema de salud pública”, concluyó la directora del Dagma.
Nurcure Comunicaciones / Gustavo Sánchez gustavo.sanchez@cali.gov.co