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¡Se salvaron 108 vidas!

¡Se salvaron 108 vidas!

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En Colombia tenemos múltiples desafíos en el ámbito de la seguridad y la convivencia. Pero hace ya bastante tiempo, con base en análisis, cifras e investigaciones concluyentes, se nos dice que en Colombia mueren más personas por cuenta de la violencia cotidiana, que se da especialmente en nuestras ciudades, que por cuenta de la violencia política o el llamado conflicto armado.

Este tipo de desafío es descomunal por su complejidad, pero también urgente: con cada hora del día que pasa se pierden vidas preciosas de conciudadanos. Parte de la complejidad radica en entender la problemática. Una realidad que no conocemos bien, o que nos negamos a aceptar, no puede ser transformada. Pero, por supuesto, no son suficientes los diagnósticos: se requiere también voluntad, compromisos, medios y recursos para transformar la realidad.

En un informe oficial se destacó recientemente una baja de un 15 por ciento en la tasa de homicidios en el periodo enero-mayo del 2012, comparada con el mismo periodo del 2011.

Hace 20 años, durante la primera administración del Dr. Rodrigo Guerrero, se abocó una mirada integral de las violencias y el conflicto urbano bajo un enfoque de intervención que dio en llamarse Desepaz (Desarrollo, Seguridad y Paz).

Para entonces, la situación era distinta. No se puede decir con exactitud si aquella era más o menos grave que la actual, pero en todo caso la situación de hoy sí es mucho más compleja.

Para la ciudadanía caleña y sus dirigentes, pero especialmente para nosotros en el gobierno, está siendo imperativo tener que ser más agudos y sistemáticos en las lecturas de esas nuevas realidades y en los análisis y las intervenciones, pues, para citar solo un ejemplo, lo que antes era simple pandillaje juvenil hoy se ha convertido, en muchos casos, en complejas prácticas delincuenciales en las que están inmersas redes criminales disputándose el control territorial, ejerciendo el sicariato, el secuestro, el microtráfico o la extorsión.

Pero, por otro lado, han crecido los comportamientos de intolerancia que producen diariamente riñas y otros tipos de violencia, así como se ha extendido entre muchos grupos e individuos una manera de vivir que trasiega en los límites de la ilegalidad. Lo uno y lo otro son factores que se contraponen a los acuerdos básicos por los cuales se acogen normas para poder vivir en sociedad, a pesar de nuestras diferencias.

Hay pues una dinámica de criminalidad, intolerancia e ilegalidad, pero también de inequidad y exclusión (social, económica y cultural) que urge detener.

En esto no hay atajos, ni fórmulas únicas, ni caminos fáciles, pero tampoco hay que partir de cero. Hay lugares en este paradigma de intervención integral (Desepaz) que se propuso hace 20 años desde Cali y que ahora se intenta retomar, y que no por reiterados dejan de ser válidos: las violencias y los conflictos hay que entenderlos en su complejidad; las intervenciones deben ser integrales, oportunas y eficaces y siempre será mejor, como en el enfoque de la salud, aplicarse a implementar estrategias de prevención.

Hace un par de meses, con la presencia del presidente Juan Manuel Santos, la Alcaldía de Cali acordó la implementación de este modelo alineado con la Política Nacional de Seguridad y Convivencia. Desde entonces hay avances (como haber salvado 108 vidas) en medio de algunas situaciones críticas derivadas, especialmente, de picos altos por 'vendettas' del narcotráfico. Muchas cosas están en prueba (toque de queda a menores en sectores específicos, desarme en coyunturas especiales, inversión focalizada). En otras áreas se necesitan mejoras (judicialización efectiva), pero en lo fundamental, ¡en Cali se avanza en la dirección correcta!
Columna del investigador y docente Diego Arias, publicada en el periódico El Tiempo, el pasado 13 de junio.

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Fecha de publicación: 15/06/2012

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