
“Empezamos a bailar en el barrio Siete de Agosto. Yo me animé cuando la vi bailar, me invitó y allí se inició todo, mis sueños en la pista, bailando con Geraldine”. Quien habla es Bryan Esteban Corrales, bailarín profesional de salsa. “Una vez fuimos a bailar a un colegio donde el profesor William Fray Angulo nos vio y nos invitó a hacer parte de la Academia Euforia Latina”.
El caleño cuenta que dedicar tiempo completo a una actividad artística no es fácil, especialmente, si las necesidades económicas abundan. “Pero hoy en Cali, miles de jóvenes, niños y niñas le apuestan al sueño de ser bailarín profesional como una opción de vida y como el medio para sustentar su economía”, dice.
El baile cambia la vida, el bailarín se siente importante, pero el aplauso y las ovaciones, son su mejor premio a la hora de culminar el espectáculo.
Bryan Esteban estudia los sábados en la noche. Sale a las 9:00 de clases, directo a la academia de baile y allí practica hasta la 1:00 de la madrugada, especialmente, cuando está en competencias. Narra que entrega todo. “Es lo mío, es mi sueño”, pero también lo era para su madre, que desde pequeño veía cómo era el espectáculo central en todas las fiestas. Ella vio el talento y antes de morir le hizo prometer al profesor de la academia que fuera su mentor y apoyo en ese largo camino.
“Vivo en Villa del Lago con mi papá y mi hermana. Ellos siempre me apoyan, pero no es fácil; son muchos gastos y por eso me toca ir a pie a la academia, pero aquí estoy en la lucha y trabajando para hacer realidad el sueño de mi mamá y el mío, que es ser el mejor cada día, para tener un proyecto de vida que me lo brinda un arte tan completo como el baile”, expresó Bryan.
Su compañera de danza, de academia y mejor amiga, es Geraldine Londoño. Ella dice que ha bailado desde que tiene memoria, pues su padre que fue bailarín. Le enseñó sus primeros pasos. “Creo que primero aprendí a bailar que a caminar”, cuenta sonriendo.
“Me levanto a las 5:00 de la mañana. Estudio en la institución educativa Juan de Ampudia y en el Sena termino clases a la 1:00 de la tarde. A las 3:00 empiezo a dar clases hasta las siete de la noche y luego el ensayo hasta las 12:00 de la noche o 1:00 de la mañana, cuando termino mi jornada. Es extenuante, pero vale la pena el sacrificio, pues es la manera de seguir ese camino hacia el reconocimiento como bailarina profesional”.
Anota que su gran sueño es crear una fundación donde niños, niñas y jóvenes con discapacidad puedan acceder al aprendizaje del baile como una alternativa de terapia y superación. “Es difícil. El camino es largo y sé que tendré que tocar muchas puertas, pero creo en mí y algún día ese sueño será una realidad que beneficiará a muchos chicos y chicas de mi ciudad”, concluye la joven, mientras se alista para salir a la pista del Teatro Los Cristales, donde busca un cupo para la final. El Mundial de Salsa tendrá vibrando a los caleños hasta este domingo, en la Plaza de Toros de Cañaveralejo.
La historia de Brian y de su compañera de baile Geraldine es un solo un ejemplo de muchos otros bailarines que dejan todos sus sueños en la pista para lograr alcanzar sus más grandes metas: ser siempre los mejores en esta y en otras ciudades del país, y por qué no, del exterior.
María Cristina Bedoya
Comunicaciones de la Secretaría de Educación de Cali.