
Cali ha ido desentrañando sus raíces para dar paso al futuro que sus ancestros probablemente soñaron. Pero quizás no se imaginaron que sus descendientes pudieran pensar en la idea de caminar por la tradicional Avenida Colombia, mirando cómo decenas y largos buses azules del sistema masivo de transporte pasarán por su lado, mientras por debajo de esta arteria vial de la ciudad, miles de carros la recorrerán porque sus conductores están apurados por llegar a sus destinos.
Este es el presente de Cali, lleno de ansiedad por el cambio en la infraestructura de sus avenidas, calles y andenes, que requiere empezar justamente por esas entrañas oxidadas que han cumplido más de 50 años trasladando las aguas residuales y por otras tuberías que han llevado el líquido potable a cada uno de los grifos en los hogares de los cerca de 2’300.000 habitantes que en la actualidad alberga la capital de la salsa.
Esta es la Cali del nuevo milenio que progresa entre las retroexcavadoras que han ido levantando los viejos pavimentos en barrios del norte, por la Autopista Suroriental, en el Distrito de Aguablanca, en el sur y con la intención de seguir abriendo camino por sectores del occidente. Esta nueva era caracterizada por las grandes obras financiadas con el recaudo de valorización contempla transformaciones del centro histórico, pero tratando de rescatar y de conservar esas antiguas arquitecturas que se han convertido en hitos emblemáticos, como la iglesia La Ermita o los teatros Jorge Isaacs y Municipal.
Ingenieros ya han ido sacando las viejas tuberías para dejar listas las calles sin los huecos que atormentaban en el pasado. Tras ese cambio, los caleños ya se preguntan cómo quedarán los alrededores del Centro Administrativo Municipal (CAM) con una nueva plazoleta que ha requerido la demolición de algunos edificios entre las avenidas 2 y 4 Norte, mientras a pocos metros de allí, la Avenida Colombia se ha ido convirtiendo en un túnel que ha necesitado la intervención de arqueólogos interesados en salvar las riquezas ocultas en los cimientos del Puente Ortiz.
El progreso sigue extendiéndose en forma de imponentes puentes y accesos hacia la Autopista Sur pasando por las calles 63, 68 y 70, mientras en la ladera, vecinos de barrios que nacieron como asentamientos analizan que ese sector será atravesado por una Circunvalar que aumentará mucho más el desarrollo. Mientras tanto, zonas del centro, como la carrera 10 con calle 13, tampoco se escaparán de proyectos que prometen complejos comerciales y un búnker para que la Fiscalía pueda seguir impartiendo justicia. Esta es la Cali del hoy que también tiene en mente seguir abasteciéndose de agua. La ciudad creció, el río tutelar no da abasto y el Cauca vuelve a atraer la atención de expertos que evalúan dónde será más viable la instalación de más bocatomas. Esta es la Cali que muestra su pujanza durante 476 años de historia, como el cimiento de un futuro prometedor.
Todo se inició en un corazón empedrado
La historia de Cali empezó justo en su corazón, ese que está ubicado en la carrera 4, entre calles 7 y 9, y a pocos metros del río tutelar. Allí se concentraban las principales actividades de los caleños raizales que hace dos siglos comenzaron a vislumbrar la transformación de una ciudad palpitante en esas primeras vías empedradas.
Precisamente, la Cali del ayer se gestó en ‘El empedrado’, como conocedores de la memoria histórica caleña llamaron a uno de los primeros sectores de la ‘Sucursal del cielo’ y donde hoy se mantiene en pie la tradicional iglesia La Merced. Allí, en ese antiguo altozano de aquella rústica capilla de techo de paja, la capital vallecaucana empezó a hacer historia a partir de su fundación en ese 1536.
De casas con techo pajizo, Cali fue cambiando a las casonas que se fueron levantando hace unos 200 años en torno a una plazoleta en tierra, que atraía las miradas de propios y extraños, especialmente, durante los días de mercado público y frente a la Catedral erguida en la esquina de la calle 11. Ese sitio fue el lugar propicio para los carnavales de la década del 20 que divertían a la población de antaño, en los cuales automóviles como los viejos Lincoln-Ford eran adornados con follajes de árboles.
Era la época de cuando esa plaza, que tenía por nombre el de La Constitución para después tomar el de la reconocida Plaza de Cayzedo, atrajo las miradas y las concentró en la calle 12 por ser la primera en ser pavimentada. En ese entonces la ciudad vivía el año 1925, cuando pequeñas piedras pulidas que habían sido extraídas de canteras del cerro de las Tres Cruces sirvieron para hacer ese pavimento, anunciando el progreso de los más antiguos barrios: San Nicolás, El Obrero, San Antonio, El Peñón y Granada.
En este último, el Paseo Bolívar recibía la sombra de cuatro gigantes, aquellas ceibas insignes.
Diez años antes, el tren había recorrido algunos trayectos desde Buenaventura hasta la ciudad. Los caleños veían la locomotora aproximarse a todo vapor y se ensordecían cuando la máquina de hierro cruzaba un puente sobre el río Cali, al tiempo que el río Cauca empujaba más el desarrollo citadino, como el corredor de comercialización de toda clase de mercancías y de transporte de pasajeros. Muchos de ellos solían desembarcar en inmediaciones del puente Carlos Holguín, de Juanchito, que en esa época era un puerto, y en el hoy Paso del Comercio.
Al panorama de optimismo se sumaron el tranvía, en el cual la gente se montaba curiosa en sus tres o cuatro vagones que llegó a arrastrar, y el primer avión que aterrizó piloteado por el italiano Ferruccio Guichardi. Los abuelos recuerdan que era el 21 de abril de 1921, cuando un aparato con alas salió del cielo que parecía cargado de algodones grises y blancos. “¡Un avión… Viene hacia acá…corramos!”, fue la primera reacción de una multitud que divisaba un objeto negro con hélice delantera y que hacía maniobras sobre un campo donde ese día había carreras de caballos. Pero los aficionados quedaron atónitos mirando sin parpadear el firmamento. Fue en el antiguo hipódromo de la ciudad, donde quedó registrado en fotografías el acontecimiento del año.
Algunas mujeres querían tomarse las imágenes con el osado italiano que posó con ellas portando la bandera de su país. Cuenta la historia que este extranjero abordo del avión llamado ‘Telégrafo 1’, fue seducido por una Cali emprendedora, al punto de que decidió quedarse. De hecho, murió entre los caleños y sus restos reposan en la iglesia San Fernando Rey.
Así, Cali siguió creciendo en un Valle constituido como departamento a partir de 1910, pero en esa expansión que se dirigió rumbo al sur, el centro caleño preservó una arquitectura colonial, casas y puentes como el antiquísimo Puente Ortiz que llegó a resistir la circulación de los primeros carros para luego ser testigo de la naciente Avenida Colombia.
Era una arquitectura que contrastaba con estructuras republicanas y, casi 50 años más tarde, con los edificios que emergieron del suelo como los indicios de una modernidad que se ha conservado en el tiempo: el actual Centro Administrativo Municipal (CAM) y la torre de la Gobernación o Palacio de San Francisco.
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