
Cali fue aceptada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como una ciudad que está preparada en materia de desastres, y que es capaz de prevenirlos y sobreponerse a estos eventos, es decir, es una ciudad resiliente. El proceso se empezó a tramitar el año pasado por el Consejo Municipal de la Gestión del Riesgo de Desastres (CMGRD), bajo la coordinación de Rodrigo Zamorano, quien explicó que para obtener este reconocimiento, la ciudad tuvo que demostrar que puede cumplir 10 condiciones.
1. Que la ciudad establezca la organización y coordinación para comprender y reducir el riesgo de desastres dentro de los gobiernos locales, con base en la participación de grupos ciudadanos y la sociedad civil. Vele por que todos los departamentos comprendan su papel y la contribución que puede hacer a la reducción del riesgo de desastres y a la preparación en caso de estos.
2. Que asigne un presupuesto para la reducción del riesgo de desastres y ofrezca incentivos a los propietarios de viviendas, familias de bajos ingresos, comunidades, los negocios y el sector público para que inviertan en la reducción de los riesgos que enfrentan.
3. Que mantenga información actualizada sobre las amenazas y las vulnerabilidades, conduzca evaluaciones del riesgo y utilícelas como base para los planes para la resiliencia de la ciudad. Debe estar disponible ante todo el público y explicar estos propósitos en su totalidad.
4. Que invierta y mantenga una infraestructura que reduzca el riesgo, como desagües para evitar inundaciones y, según sea necesario, ajustándolo de forma tal que pueda hacer frente al cambio climático.
5. Que evalúe la seguridad de todas las escuelas y centros de salud. De ser necesarios, modernícelos.
6. Que aplique y haga cumplir reglamentos de construcción y principios para la planificación del uso del suelo.
7. Vele por el establecimiento de programas educativos y de capacitación sobre la reducción del riesgo de desastres tanto en las escuelas y las comunidades locales.
8. Proteja los ecosistemas y las zonas naturales de amortiguamiento, para mitigar las inundaciones, marejadas ciclónicas, y otras amenazas a las que la ciudad podría ser vulnerable. Adáptese al cambio climático al recurrir a las buenas prácticas para la reducción del riesgo.
9. Instale sistemas de alerta temprana y desarrolle las capacidades para la gestión de emergencias en la ciudad, lleve a cabo con regularidad simulacros para la preparación del público en general en los cuales participen todos los habitantes.
10. Después de un desastre, la ciudad debe velar por que las oportunidades de los sobrevivientes se sitúen al centro de los esfuerzos de reconstrucción y que se apoye a las organizaciones comunitarias para el diseño y aplicación de respuestas, lo que incluye la reconstrucción de sus hogares y sus medios de sustento.
Zamorano insistió en que para cumplir y mantener esa posición que Cali ha logrado como ciudad resiliente, es necesario intercambiar experiencias con otras ciudades del país, como el último conversatorio con el nombre El futuro de la gestión del riesgo de desastres, el cual, se llevó a cabo en Bogotá.
“Estos conversatorios sirven para aprender sobre nuevas tecnologías y nuevos métodos que se usan en diferentes ciudades del mundo, buscando prevenir y atender un desastre. Nosotros estamos preparándonos desde hace mucho tiempo para que Cali sea una ciudad resiliente (capas de anteponerse y sobreponerse a un desastre) ya que desde las escuelas y hogares debemos de empezar aplicar las normas básicas de cuidado mutuo y de preservación de la vida”, dijo el funcionario.
Señaló que la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo indica que dentro de los planes de desarrollo de las ciudades, los consejos municipales de la Gestión del Riesgo cumplen un papel fundamental en cada ente territorial. “Colegios y universidades también son parte de la cultura de la gestión del riesgo, donde en un futuro no muy lejano se debería incluir la prevención y atención de desastres en el pénsum educativo”, expresó.